ENSAYO DEL VIDEO A COLÓN:
Tenemos dos grandes descubrimiento: Colón descubre
América y Descartes descubre la subjetividad. No siempre estas cosas se
relacionan.
Pero no, Descartes y Cristóbal Colón tienen mucho que ver
porque Cristóbal Colón descubre América para el capitalismo, como lo
habíamos visto. No es que descubre América porque América no existía, América
existía, pero no existía para los ojos mercantilistas del capitalismo. El
capitalismo descubre América con Colón e incorpora a América al mundo europeo
que era el mundo por ese momento. Entonces se establece así un sistema (mundo).
Ahora, este sistema (mundo) requiere a un protagonista y
el protagonista es el hombre. Es el hombre el que sale a buscar nuevos mundos.
Porque el hombre medioeval no hubiera buscado nunca nuevos mundos porque el
mundo era un lugar de pasaje, un lugar de llanto, un mero camino hacia el reino
de los cielos. Pero el hombre de la modernidad sale a buscar nuevos mundos,
éste es el hombre capitalista. Este hombre necesita tener una subjetividad, necesita
pensarse a sí mismo, necesita saber quién es él, cuál es su relación con la
realidad exterior. Y aquí aparece Descartes que, como lo dijimos, parte de una
concepción de la Filosofía como duda. Descartes ha demostrado la existencia del
pensamiento pero no demostró la existencia de las cosas externas.
Lo que ha hecho hasta ahora Descartes es poner al Hombre
en la centralidad. El hombre es el centro. Ese hombre es el sujeto capitalista
de la Historia y con esto nace el humanismo. El humanismo nace cuando el hombre
ocupa la centralidad y desplaza a Dios de la centralidad. Este humanismo lo
llamamos humanismo porque parte del hombre. ¿De dónde parte
Descartes? Parte de la subjetividad, pero es la subjetividad del
hombre. El humanismo –vamos a definirlo así- es una concepción
que hace del hombre el punto de partida epistemológico fundamental.
Epistemológico se refiere a todo aquello que sea el pensamiento científico de
la realidad. Entonces, el humanismo es esa concepción que parte del hombre
como sujeto, del hombre como sujeto centrado a partir del cual es posible
conocer todo lo otro que hay en el mundo.
El nuevo problema que encarna Descartes y el problema que
realmente lo va a angustiar seriamente es un problema que podemos disfrutar
planteándolo. Veámoslo así: este señor, este señor René Descartes, en Holanda
junto a una estufa, tranquilo, protegido por la monarquía holandesa, sin miedo
a la Inquisición, descubre que el centro del pensamiento es la subjetividad.
Está seguro de eso. Yo estoy seguro –dice Descartes- de que mi
pensamiento es el origen de todo posible filosofar. ¿Y la realidad
externa? Fíjense ustedes que para el sentido común esto es casi risible,
un buen hombre, laborioso, campesino, le diría a Descartes: no sé por qué
usted se plantea estas cosas: es tan evidente que mi vaca está ahí, que mi
carruaje está ahí, que mi azada está ahí… Ah no –dice Descartes- pero
yo soy un filósofo, yo tengo que dar cuenta, yo tengo que justificar
metodológicamente, epistemológicamente, filosóficamente, que la realidad
externa existe.
2 Descartes demuestra
la existencia del pensamiento, pero ¿cómo demuestra le existencia de la
realidad externa?
Descartes dice: ya que yo veo todas esas cosas allá
afuera, esas cosas tienen que existir, porque si yo las viera y no existieran,
Dios me estaría engañando. Entonces, tienen que existir porque Dios es
infinitamente bueno, es infinitamente veraz, es incapaz de todo engaño y si yo
veo todo lo que está allí afuera es que Dios no me está engañando sino que todo
eso que está allí afuera está. Ahora, Descartes introduce aquí una figura
muy simpática que es la del genio maligno (le maligne genie, en francés).
Descartes escribía todo en francés. Esta digresión es muy importante porque
Descartes escribía en francés -no escribía en latín- porque quería hacerse
entender, quería llegar para que la gente lo entendiera, quería llegar al
pueblo en última instancia. Entonces dice podría haber un genio maligno
que me engañara y todo lo que está allí afuera no existiera. Yo estaría viendo todo
eso y eso no existe porque el genio maligno me está engañando. Sin embargo,
dice, la veracidad de Dios tiene que ser más fuerte que el poder del genio
maligno. Yo no puedo dudar de la veracidad divina. Así Descartes llega a
la siguiente conclusión: todo aquello que yo veo que está allí afuera, es
decir la res extensa, la cosa externa, tiene que existir porque si no
existiera Dios me estaría engañando y yo creo en la veracidad
divina. Ahora bien, metodológicamente, como vemos, Descartes se ha
traicionado porque para demostrar la existencia exterior de las cosas no se ha
remitido a su fundamento primero: el pensamiento; sino que se ha remitido al
viejo fundamento de la teología medioeval, a Dios. Entonces estamos de nuevo en
la teología medioeval y para demostrar la existencia de la realidad externa
Descartes recurre a Dios.
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